Por Víctor Hugo

Temprano, muy temprano, de madrugada ya y, dentro del edificio marcado con el número 32 de Carmona y Valle, en la Ciudad Monstruo, todo era movimiento. El primer bloque de La Extemporánea se preparaba para salir rumbo al aeropuerto internacional de estos lares. Cuyo destino es Viena, Austria, Europa, con escala en Madrid, España, de otra Europa, la insumisa.

Afuera, en la calle, varias personas esperaban la salida. Todas listas —desmañanadas, pero sin sueño—, junto a quince camionetas que transportarían a la centena zapatista.

Con las siete de la mañana rayando el reloj —que ahora gira a la izquierda— la puerta negra detrás del mural con la imagen de un pasamontañas se abrió y la fila de compas ya estaba ahí.

Siete subieron a cada camioneta. Siete con treinta, en caravana, directo al aeropuerto. Media hora después, recorrieron la avenida Fray Servando, en el centro capitalino y sin ningún contratiempo llegaron al pie del módulo Covid de la terminal aeroportuaria. La sala de abordaje esperaba.

No faltó el policía despistado —ellos siempre atentos a brindar el servicio a la población— que preguntó quiénes eran, a dónde iban, y a qué, claro, también buscaban al responsable. No estoy seguro que lo hayan encontrado. Espero que lean la información en Enlace Zapatista o por lo menos esta crónica para que puedan responderse a sus dudas.

Frente a la ventanilla de la aerolínea Iberia, La Extemporánea preparaba pasaporte y registros. El resto de los viajeros estaban atónitos. Su rostros desencajados no entendían lo que pasaba. Algunos, los no tan despistados, tomaban fotos; los otros, los más despistados, sólo esperaban su turno.

El C. P. —y no me refiero a las siglas para el código postal— (Comando Palomitas) con sus cámaras documentaron todo momento. Bueno, un par de ellos. El resto dormía plácidamente en los brazos de sus mamás. Sin duda, en cuanto el sueño reparador haga lo suyo, el comando completo, cumplirá la misión. Quienes viajan con ellos deberán tener una considerable reserva de palomitas.

Ya con los requisitos de abordaje listos, La Extemporánea, entró a las sala para subir el avión que los llevará a continuar con el trabajo del Escuadrón 421:

Vamos a agradecer a lo otro su existencia. A agradecer las enseñanzas que su rebeldía y su resistencia nos han regalado. A entregar la flor prometida. A abrazar lo otro y decirle al oído que no está sola, soloa, solo. A susurrarle que valen la pena, la resistencia, la lucha, el dolor por quienes ya no están, la rabia de que esté impune el criminal, el sueño de un mundo no perfecto, pero si mejor: un mundo sin miedo.

Y también y sobre todo, vamos a buscar complicidades… por la vida.

SupGaleano.

Junio del 2021, Planeta Tierra

Las barreras impuestas —fronteras, gobiernos, distancias, zonas horarias, lenguajes, filosofías, economías, políticas, colores, sabores, amores, violencias, dogmas, sexos, vestimentas, patriarcados y otros etcéteras— pueden desaparecer frente a quienes luchan, a quienes confían en la palabra, a quienes se organizan, a quienes, en el corazón, llevan la vida y ésta es una prueba de ello.

¡Buen camino y nos vemos a la vuelta!

El trece de un septiembre que el 2021 nombró

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