Otros lo harían igual de bien, o mejor. La

llamada que acabamos de escuchar va dirigida a la

humanidad entera. Pero en este lugar, en este momento,

la humanidad somos nosotros”

Esperando a Godot, Samuel Beckett

Conocí a Víctor en un lugar de la ciudad en el suelo estar a diario y en el que conozco a gente tan agradable como interesante. Charlando con más cercanía con él, me compartió su labor como Adherente a la Sexta y por ahora, en el primero de muchos viajes que los zapatistas darían para darle la vuelta a la historia. Me invitó a colaborar en la preparación de alimentos para su llegada a la ciudad, y bien me pareció como un presente que nos estaba dando la vida. Nos preparamos un día antes y en partes. Unas ella, unas yo. Ella es Liz, mi compañera de vida. Para mi fue una experiencia nueva, para Liz, un grato recuerdo. Nos unimos con un granito, una pizca, porque la Travesía por la Vida es enorme en más de un sentido, tiene muchas manos y muchos rostros, y nosotros nos sentíamos como espectadores de eso grande. Nos sentimos gustosos de estar ahí.

Llegamos tempranito y con frío al espacio seguro, calle Carmona y Valle, donde hasta hace unas horas acababan de llegar La Extemporánea, el segundo grupo de salida a Europa, que busca compartir experiencias de lucha y que continúa el trabajo del Escuadrón 421 que retorno también un día previo. Agotados por el viaje, unos por tierra, otros por aire, 32 Bis resguardaba su descanso y su posterior trabajo.

Nos encontramos con Víctor, esperamos afuera, entregamos la que se me figuró como la preciosa pizca, y de inmediato empezaron a llegar más personas con sus grandes regalos. Me sentí en la conformación de esas fiestas que se forman de lo que cada uno lleva. La gente que llegó nos miró, nos escuchó,y nosotros a ellos, y nos hicieron sentir acogidos desde un inicio. Estuvimos a su lado, afuera de la casa azul con un gran mural que representaba la travesía que se avecinaba ¿qué esperábamos? no sabía. De pronto la espera tenía un sentido de grupo: iban a entregar los regalos de muchas manos que no estaban ahí en presencia pero sí de corazón y las ansias de entregarlo se disfrutaban. Ropa interior y vituallas de aseo personal estaban separados por tamaño, esperando a sus destinatarios.

Entre la llegada de una pipa de agua y los trabajos para subir su contenido al techo, y de una foto en la que apareció sonriente Liz, se cruzó la plática del significado de la espera y del tiempo: la espera en una fila, en un rincón, en una explanada, la espera de la jubilación, de la no-jubilación, durante la jubilación, de los años que nos vienen, de las expectativas y las realidades en una ciudad congestionada por pequeños y valiosos detenimientos ¿que significado tienen estas palabras en el sureste mexicano? En algún cartel vi dibujado un caracolito con capucha: Lento pero avanzo, decía. La charla surgió, y como siempre me pasa conociendo personas, platico de mi infancia y mis variopintos trabajos del pasado y como le pasa a Liz, por contraste, del futuro imaginado y en construcción. En esa espera, como un recuerdo, llegó e ingresó al recinto, el profesor que me enseñó la palabra zapatista en un momento en el que parecía que mi enojo se tenía que volver conciencia. Ésta última, que por cierto, se está recobrando personalmente, viendo a gente que no la ha perdido, que más bien la refuerza todos los días, como si el pasado no sólo me exigiera de su retorno un recordatorio, sino un punto de partida.

Madrugada del 18 de septiembre, rayando las dos de la mañana del 2021, en la Ciudad Monstruo

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